jueves 24 de septiembre de 2009

LA INFANCIA DEL CINE

En riguroso blanco sobre negro, el primer párrafo cierne un misterio: “La madrugada del 8 de noviembre de 1930, el abogado parisino Gèrard Fleury salió en busca de la luz adecuada para completar una filmación paisajística en torno al lago de Le Thuit. Ese mismo día falleció en circunstancias aún no esclarecidas.”
Tren de sombras (José Luis Guerin, 1997) se presenta como la restauración de la que fue la última película de este abogado, una filmación casera deteriorada por siete décadas de humedad.
El presunto peso del misterio de la muerte de Fleury va cediendo ante las imágenes de la familia que pasea por el jardín, los chicos que juegan con y en el agua, las doncellas que se hamacan, los grandes que practican tenis, paseos en bote y demás escenas que eventualmente dejan ver los estragos de la humedad en imágenes del todo experimentales, fruto del azar de los elementos sobre el material.
Las escenas familiares, para las que todos posan, se alternan con tomas íntimas acaso casuales que terminan mostrando más de aquello que resulta explícito.
Guerin reconstruye sembrando como contrapunto, al menos, otras dos miradas: el interior de la mansión, vacía en la actualidad pero llena de luces, sombras, recuerdos y fantasmas que iluminan ese pasado; y un casi obsesivo recorrido de las propias miradas de los personajes de esa familia, tal cual han sido captadas por la filmación original.
Finalmente, ocurre algo mágico: el recorrido desnuda secretos ocultos, acaso más intrigantes que aquello que haya causado la muerte del abogado. ¿Quién es la joven privilegiada en muchas de las tomas? ¿Cuánto deseo puede encerrar un par de ojos? ¿Qué se conversa en esos paseos por el jardín? ¿Qué hay en el fuera de campo interpelado por las miradas de los personajes? Hay más, pero no tengo las palabras para explicar cómo fui abducida por esta muda película experimental. Y si las tuviera no estaría del todo segura de usarlas, porque temo profanar lo indecible del cine.




Publicado por: Los Perros de Lanari







martes 15 de septiembre de 2009

CHAU PATRICK, GRACIAS POR TODO


Patrick Swayze (1952 - 2009)

viernes 4 de septiembre de 2009

EL SEÑOR DE LOS ANILLOS: PERONISMO Y TOLKIEN

Saurón Saurón, qué grande sos
(22.4.08 )

Hasta un dìa como hoy, pero de 2007, no se había comenzado la imprescindible revisión de la historia de la Tierra Media, y tuvimos como "historia oficial" la versión sesgada y gorila que presenta J.R.R. Tolkien en sus libros El Silmarilión, El Hobbit y El Señor de Los Anillos.

Exactamente hace un año, el compañero peronista ruso Kirill Eskov se hizo cargo de la frase "si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia" y se decidió a contar la verdadera historia (quien quiera oír que oiga) desde donde el gorilón de Tolkien había dejado, luego de la derrota de Mordor, fecha que marca el nacimiento de la Segunda Resistencia Sauronista en la Tierra Media.

Cabe recordar que todo había comenzado milenios atrás, en la Primera Edad, cuando Juan Domingo Saurón (tal su nombre completo), llegó al gobierno formando de la mano de los Valar, que se habían unido para construir y organizar el mundo.
Desde su humilde lugar en la Secretaría de Trabajo fue que se fue acercando a los trabajadores Orcos que --cuando Valar le bajó el dedo--, se congreraron en millones y lograron su libertad, el llamado a elecciones y el primer gobierno popular del que se tiene noticia.

Una vez electo, y a fin de lograr el gran proyecto nacional, el joven coronel Saurón forjó los anillos de poder: nueve para los hombres (oligarquía ganadera), siete para los enanos (la oligarquía minera), tres para los elfos (la oligarquía agroindustrial), conformando de esta manera el Frente Policlasista de la Tierra Media con el apoyo masivo de la columna vertebral del movimiento: el industrioso y trabajador Pueblo Orco.

Claro que como buen conductor se guardó bien de forjarse un anillo para contrarrestar a los otros, por si se le desbandaba el frente, cosa que no tardó en suceder, dando lugar al derrocamiento de Saurón y al comienzo de la primera Resitencia Peronista de la historia...

Volviendo al libro del compañero Eskov, titulado Последний кольценосец (El último anillo), les dejamos una breve sinopsis:

La guerra ha terminado. Con traiciones y engaños, los bárbaros supersticiosos de la Alianza de Occidente, ayudados por Magos de siniestras intenciones, han vencido al Pueblo Orco, amante de la paz, industrioso y científico. Ahora comienza la carnicería: a los derrotados dispersos les espera el amargo camino de vuelta a casa, hostigados por las patrullas de elfos que buscan eliminar hasta al último orco, hombre, mujer y niño, designados por una propaganda perversa como raza caníbal, maldita y a exterminar. Pero de las cenizas de la catástrofe todavía puede extraerse un resquicio de esperanza. Si la misión encomendada a nuestros protagonistas tiene éxito, la cosa puede darse vuelta, y habrá llegado la hora de la revancha de los orKos.

http://undiaperonista.blogspot.com/2008/04/saurn-saurn-que-grande-sos.html


Orcos del Conurbano, Uníos!

(15.3.2009)

Ayer, mientras llovía me puse a ver El Señor de los Anillos, y cuando llegué a la escena de la "Batalla de Helm", me pareció que estaba viendo un noticiero. A quienes no vieron la película o leyeron los libros... por ahí no lo entiendan, pero por las dudas les dejo los links en la nota para que se entretengan un rato viendo la película y agreguen a este tributo a "Un día Peronista". Saruman (un flaco alto y de pelo blanquecino) descubre un punto débil en la muralla de la ciudad de Helm. Este es el cantón, donde se fortificaron los "humanos" (blanquitos, rubios pero sucios) para defenderse de las hordas de Orcos (negros, feos y lo que es peor... MUCHOS!) surgidos desde las profundidades de la tierra. Para colmo de males, Saruman les habla a las hordas Orcas desde el balcón de su palacio.

"Una vez existió una alianza entre Elfos (estos sí son blanquitos, limpios y que se creen con superioridad ética y moral) y humanos... venimos a honrar esa Alianza" dice un General Elfo cuando llega con su pequeña tropa para ayudar a los "humanos".

Todo es optimismo para la reeditada Alianza entre Elfos y "humanos" hasta que los Orcos empiezan a aparecer en el horizonte. Una masa Orca que comienza su clamor frente a las murallas de la ciudad hasta que un asustadizo humano dispara la flecha que da comienzo a la batalla.

Para cuando los "humanos" se dan cuenta lo que sucederá (la caída de las murallas), ya es demasiado tarde. Los Orcos han sufrido las luchas por milenios, y saben cómo organizarse para ganar las luchas, mientras los "humanos" sólo pueden replegarse cada vez más.

Pero cómo olvidar el papel del Enano pelirrojo Gimli, que desde el principio de la batalla no puede ver qué sucede. Gimli se guía por lo que le dicen los humanos y de hecho intenta sostener el bloqueo a la puerta de la ciudad hasta el final. Tolkien ¿pagará derechos de autor?...


(Noticiero de la "Revolución Libertadora" del año 3340 de la Segunda Edad)

http://jovenescacharienses.blogspot.com/2009/03/orcos-del-conurbano-unios.html

El Señor de los Anillos: Anillos de Poder y Poder a secas

(24.3.2009)



[Pre-scriptum: este divertido post de los Jóvenes Cacharienses funcionó como disparador del texto que sigue]

¿Es superficial, en un día como hoy, postear sobre Tolkien? Yo pienso que no. Porque el tema central y subyacente en su obra más conocida,
El Señor de los Anillos, es el poder. Los Anillos del Poder, como es evidente, son una metáfora del poder, del poder político y militar, y la sombra ominosa de Sauron es también obviamente una alegoría del totalitarismo (El Señor... se publicó en los años '50, había cosas que estaban muy frescas). Hasta allí la justificación. Ahora, el texto.

El poder es el tema central en
El Señor de los Anillos. El temido y deseado Anillo Único representa el poder absoluto y es en tanto que tal es un elemento corruptor. Los personajes "sabios" de la historia (Gandalf, Elrond, Galadriel) son conscientes de ese peligro y no quieren saber nada con él, así que encuentran un portador al que piensan capaz de resistir y le encargan la dura tarea de destruirlo, que a último momento flaquea pero el Anillo es destruido igual en medio de la última pelea para poseerlo.

El libro de Tolkien es apasionante, y es muy vívido el retrato de los peligros del poder absoluto. Pero más allá del ropaje mitológico y medieval, incluso en lo referido al poder y sus efectos hay elementos que alejan al mundo que crea del nuestro. A ver.

En el mundo real, en la política real, no existen los Anillos Únicos: los Anillos de Poder (las formas por las que el poder puede ejercerse) pueden eventualmente transformarse en anillos únicos, pero no hay manera de saberlo. Por lo tanto, la destrucción de un Anillo (la renuncia a ejercer el poder) no resuelve nada. Lo que puede y debe hacerse es crear sistemas de vigilancia (los sistemas políticos) que impidan que el Anillo en cuestión crezca hasta convertirse en un Anillo Único, pero en el mundo real no son los héroes los que quieren destruir los Anillos, sino los hipócritas (que destruyen el Anillo del Poder Político porque esconden en su bolsillo el Anillo del Poder Económico, que se potencia con la desaparición del otro), ayudados por algún que otro iluso que piensa que vive en la Tierra Media y que los Anillos de Poder pueden destruirse de una vez y para siempre.

Los nuevos Señores Oscuros quieren hacer creer que "política" e "ideología" son mala palabra, que todos queremos que lo mismo (la gente, no los orcos inhumanos, a los que les gusta vivir harapientos y en la mugre) y que la posición socioeconómica es una justa recompensa del esfuerzo de quien la ostenta. Y así hacen lo que pueden para escupir y ensuciar a los Anillos del Poder Político (a veces ayudados bastante por quienes ostentan esos anillos, obviamente), mientras los Anillos del Poder Ecónomico crecen cada vez más brillantes, o eso quisieran ellos.

En este mundo, destruir los Anillos de Poder no es una opción, porque sólo serviría para fortalecer el poder de los restantes (y siempre quedan). ¿Y entonces? Entonces hay que los sacarles lustre entre todos a los Anillos del Poder Político. Contra los que usan Anillos Económicos y contra los que usan Anillos políticos y los usan mal. Sacarles lustre con el aliento y el trapo, virtuales y concretos, de discusiones, de apuestas, de definiciones claras, de acciones para defender lo que creemos justo.

A los Anillos de Poder, al Poder, no se lo destruye: se lo controla. Y eso no lo hace un elegido o un grupo de elegidos: lo hacemos entre todos o no lo hace nadie. Mejor entre todos. Digo, ¿no?


http://enanosenelefante.blogspot.com/2009/03/el-senor-de-los-anillos-anillos-de.html




4 DE SEPTIEMBRE - DÍA DE LA HISTORIETA ARGENTINA



jueves 7 de mayo de 2009

Falso Documental: ¿Realidad o ficción?


Ficción y realidad, realidad y ficción. Es tan opaca la línea que separa estos dos términos que a veces uno no termina sabiendo qué es qué. ¿Puede la realidad construirse desde la ficción? ¿Tiene la ficción ciertas cuotas de realidad? Si la “realidad” que nos muestra el aparato audiovisual informativo es construida desde una mirada totalmente atravesada por intereses políticos y económicos ¿Cuánto de ficción tiene entonces ese recorte que se presenta como lo real e indiscutible? Desde la aparición del cine y luego de la televisión, ciertas imágenes han adquirido el valor de verdades universales transformándose en realidades aparentemente incuestionables. Si bien esa idea ha ido perdiendo fuerza, y los medios ya no se presentan como lo real sino como “lo que hay que saber”, la potencia en términos objetivos que tienen las imágenes proyectadas en una pantalla sigue siendo indiscutible. Es por esta razón que el falso documental, género que existe desde los orígenes del cine pero que en las últimas décadas ha adquirido un tono más crítico, viene a romper con ese paradigma y a decirnos, con sutileza e ironía, que, en todo lo que vemos y oímos, está la mano última del hombre, que todo recorta y todo decide. A lo subjetivo, en definitiva, me refiero.



“La Era del Ñandú” es un film de 1987 hecho exclusivamente para canal 7 y dirigido por Carlos Sorín. La película relata la historia de Kurz (sutil guiño al coronel Kurtz de Francis Ford Coppola) un científico que, en los años 60, inventó una droga llamada Bio K2 que podía alargar la vida. A partir de este hecho, las cosas se disparan de forma precipitada: La primer parte del film tiene que ver con lo novedoso del asunto ¿quién poseía la droga? ¿Quién la podía proveer? ¿Qué efectos producía? ¿Quién era su inventor? Luego, una etapa política en donde Sorín deja ver una crítica hacia el Estado lento y burocrático que reacciona siempre después de que las cosas suceden. Por último, una etapa mística en donde Kurz se transforma en un guía espiritual y misterioso a la vez, ya que nadie nunca lo ha visto, nadie tiene una foto de él. De esta forma, largas procesiones de gente recorren las ciudades agradeciéndole a la Bio K2 por sus grandísima generosidades. Pero por último, el olvido: es que una nueva atracción ha invadido Buenos Aires: el ula ula. Los tiempos del Bio K2 quedaron atrás, en el anecdotario quizás, en el patio trasero de un país que se agita casi con el mismo ímpetu con que desea olvidar, cambiar el ángulo de la información.

El film de Sorín, que dura apenas 40 minutos, es un falso documental que, a diferencia de otros, uno lo sabe irreal a los pocos minutos de comenzado. Quizás porque estéticamente no haya envejecido del todo bien. Quizá también por lo dantesco de los hechos que se van sucediendo. Lo que si es seguro, es que la historia nos hace reflexionar sobre el ser nacional y la manera en la cual históricamente hemos “comprado humo”. Nada de lo que se presenta es real, pero podría haber sido cierto en esta argentina que ha sabido comprar el “1 a 1”, las dictaduras salvadoras, la pizza y el champagne y muchas otras cosas. Entonces uno se pregunta ¿porqué no?

Juan Francisco

jueves 30 de abril de 2009

El vals del olvido

Hace casi una semana, visitando a un amigo cineasta en la ciudad de Buenos Aires, me encontré teniendo en mis manos (por primera y quizás única vez) un catálogo del prestigioso festival internacional de cine de Cannes. Mi amigo mencionó una película que llamó su atención; se llamaba “Walz with Bashir”, un documental animado del director israelí Ari Folman.
Al llegar a casa, comencé a descargarla y al otro recién me senté a mirarla.



"Walz with Bashir" es un film documental con una estética innovadora, una animación brillante que no solo deleitará a cualquier fan del comic o a un grupo de cinéfilos, sino también a cualquier tipo de espectador porque lleva la impronta de las más grandes obras de arte.




La película narra, con un juego preciosamente incomodante, claramente autorreferencial, entre lo onírico y lo real, la masacre en los campos de refugiados palestinos en Líbano cuando el ejercito Israelí aniquiló a una población entera en el año 1982 escribiendo una línea más en las continuas violaciones de los derechos humanos. También habla de la memoria, y de esa extraña capacidad para bloquear determinados recuerdos.



Todo comienza cuando el protagonista empieza un viaje por los laberintos de su memoria al encontrarse con un amigo que le cuenta un sueño que se le repite desde que termino la guerra y un hecho crucial que él no recuerda haber vivido pero que todo induce a que estuvo allí; desde ese momento recorre los hogares de sus diferentes compañeros buscando respuesta y haciendo que la historia avance. Cada personaje da su punto de vista ofreciendo una guerra diferente que mezcla la realidad con lo que su memoria crea y recrea después de 20 años. El aspecto onírico de la película aparece desde el comienzo, con la narración de un sueño que conforma una bellísima secuencia de títulos, y en los relatos de la reconstrucción de lo ocurrido que van dejando ideas sueltas en la cabeza del personaje principal. Esta forma de estructurarse y reestructurarse habla de la memoria social, del famoso inconsciente colectivo, que es olvidadizo y generador de nuevas historias o personajes que nunca son del todo reales.

El tratamiento estético del trabajo es una joya de la animación, que mientras se disfruta en la butaca perplejo ante la inmensidad de la pantalla de cine (en mi caso, el desorden de mi habitación y el monitor 14 pulgadas) un espectador siente que esta película viene de un comic (prejuicio provocado por el antecedente cercano de Sin City), pero no, todo lo contrario, es más, es a partir del film que se crea un cómic.



La película es un soplo de aire fresco a la cinematografía mundial y agradezco aquel momento en que mi amigo la mencionó, si no, lamentablemente, nunca hubiese sabido de ella.


jueves 23 de abril de 2009

La Verdad

Humanos... demasiado humanos !!!. Cuán seguros nos sentimos creyendo saber la verdad. Menos mal que a la vez somos tan limitados y no alcanzamos a ver que al mismo tiempo que creemos tenerla los otros también lo creen sin saber que son maneras de discurrir sobre el estado de las cosas.

¿Por qué será un imposible captar eso que damos en llamar verdad?. Sería bueno tener la respuesta rápida, clara y distinta, pero no. No lo soñemos. Deberíamos recorrer el pensamiento de insignes filósofos que han gastado sus neuronas pensando en ella a lo largo de los tiempos. Y así y todo ¿a cuál de ellos seguiríamos?.

Los humanos queremos saber, queremos que la verdad sea una, que las cosas cierren, que estén completitas, que no falte nada, pero mientras seamos seres de lenguaje, sólo creeremos tenerla.

Aún así siempre la buscamos, entonces, ese buscar la verdad y el lenguaje no pueden no ir juntos. Porque toda vez que ante un estado de cosas queremos transmitirlo debemos recurrir a la lengua o a algún otro tipo de lenguaje y entonces todo intento de alcanzarla se desvanece.



Y aquí vamos, a modo de ejemplo, con esta joyita en la que encontramos que el lenguaje escrito relata el maravilloso lenguaje del cine intentando mostrar lo inasible de la verdad.

Es una nota escrita por Esther Díaz aparecida en ¨La Otra. Revista de arte y pensamiento¨, Buenos Aires, invierno 2007, titulado:

"El sentido múltiple de la verdad"

¨Japón, siglo XII, senderos en el bosque. Un samurai camina lentamente delante de un caballo blanco al que conduce por las riendas. Canto de pájaros. Rayos de sol que atraviesan el follaje y bailan en la maleza. Los medallones de luz tornan traslúcido el velo de una mujer posada en la montura. La tela se desliza hasta los pequeños pies, que delatan la nobleza de su dueña. La montura y el armamento brillan. Una especie de paz emana de la bonhomía de las cosas. Pero el delicado equilibrio se quiebra. La narración interrumpe su secuencia. Hay algo que la cámara no captó y al encenderse nuevamente nos devela el caos. El hombre muerto, la mujer violada, las armas no están, el sombrero de él en el suelo, el de ella cuelga desgarrado de un arbusto solitario.

Comienza Rashomon, de Akira Kurosawa.

El jurado a cargo del caso –que no se deja ver- escucha diferentes versiones del acontecimiento. Un humilde leñador dice haber encontrado al samurai sin vida. Agrega que no vio a la mujer, tampoco al caballo, ni las armas. La viuda declara no saber cómo murió su marido y acusa a un desconocido de haberla ultrajado. Un mal viviente atrapado en el bosque asume haber violado, pero no matado. Finalmente el muerto, cuyo espíritu se expresa a través de una médium, acusa a su esposa y al delincuente.

Todos difieren y todos, hasta el fantasma, despiertan sospechas. Sólo coincide cierto estado de las cosas: la desaparición del caballo y las armas, la mujer violada y el samurai muerto.

Sin embargo la verdad de lo acontecido se pierde en el misterio. Hay múltiples testimonios creíbles pero contradictorios entre sí. Esperamos ansiosos que finalmente se devele la incógnita. Pero termina la narración fílmica y las incertidumbres se acrecientan.

En la película el jurado no aparece. Sin embargo su ausencia intensifica su presencia. Mejor dicho, nos imaginamos que está presente porque los personajes que declaran miran al frente mientras tratan de demostrarles a los jueces la veracidad de sus relatos. En realidad los actores observan el ojo de la cámara y, al proyectarse la película, parece que esos personajes miraran a los espectadores. En cierto modo, el jurado de Rashomon ocupa nuestro lugar. Es como si saliera de la proyección, en la que nunca se refleja y se instalara en la butaca.

Esos representantes de la justicia habitan un punto ciego y mudo en esta obra. El público no los ve ni los oye. Los jueces son opacos para nosotros, pero no para los personajes de ficción que los miran con énfasis y respeto. Una luz atraviesa la pantalla, emerge de las pupilas de los actores y choca con las nuestras. Esa flecha de intensidad nos incluye en la trama. Los testigos se dirigen al jurado que es al mismo tiempo el espectador. Se siente la impotencia de ocupar el lugar del juez y no poder juzgar. Mejor dicho, no poder contar con elementos que aseguren objetividad.

Kurosawa, desde la magia del cine, brinda una estremecedora lección acerca de la verdad. Ese discurso que construimos a partir del estado de las cosas, pero que no encuentra manera de corresponderse con ellas de modo ecuánime. De cada relato fluye un sentido diferente. Se alternan diversas perspectivas. Semejan destellos de un diamante tallado que emite diferentes colores según los escorzos que lo iluminan.

La no correspondencia entre las versiones de los personajes diluye la posibilidad de dirimir una verdad clara y distinta. La multiplicidad de jueces es otro impedimento para forjar un juicio unánime. Pues, además de los que suponemos en la obra, existen tantos jueces como espectadores. La ilusión de verdad absoluta se pulveriza. En su lugar titilan fragmentos de sentido. Los testimonios, por contradictorios, desconciertan. En lugar de una verdad única, hay fuga de sentido.

El sentido se produce en una dimensión incorporal. La proverbial indiferencia de los acontecimientos provoca juicios disímiles. Provoca sentido que surge de choques de fuerzas y se desliza por la superficie de las palabras. El sentido no se encierra en proposiciones, deviene a través de ellas.¨

Ana http://elmedioeslenguaje.blogspot.com/2009/03/la-verdad.html#comments

miércoles 22 de abril de 2009

¿Hollywood clarividente?

¿Qué pensarán en Hollywood -las grandes productoras, los directores, las grandes estrellas, etc.- de que un negro sea presidente de su "America" y que ande estatizando bancos impunemente por ahí?

"¿Que clase de pregunta es esa?"

Tienen razón, es una pregunta sin norte. Pero no puedo evitar preguntármelo después de haber visto "Wanted" (2008 de Timur Bekmambetov, con A.Jolie, M.Freeman, J.McAvoy) -si, ya sé; si la pregunta de recién no tenía norte, esto último parece no tener pies ni cabeza



En realidad, vi la película el año pasado y el grueso de la interpretación que sigue viene de entonces, o sea, desde antes de las elecciones presidenciales allá en el gran (capitalista imperialista) país del norte.


Lo que hago hoy es intentar responder de un modo salvajemente indirecto esta pregunta: ¿qué pensaran allá, en general, del "Negro Estatizador"?

Y... ¿pero qué mejor ejemplo de la ideología capitalista norteña que las superproducciones hollywoodenses para buscar algún indicio?

Bueno, si no vieron la película -o si la vieron pero la olvidaron por lo mala, o por ser un calco barato del guión de Matrix (la 1ra)- pueden encontrar la sinopsis -en inglés, sorry- acá

Bien, el "Mundo" en "Wanted" encuentra su balance en el "Telar del Destino" (Loom of Fate). Los blancos que asigna el "Telar", si bien parecen generados por un orden meramente aleatorio, son en realidad de naturaleza enteramente "necesaria" para el "equilibrio mundial". Si no se mata a un tipo que parece el más inocente del planeta, un mal mayor -más muertes, o mayor sufrimiento- caerá sobre "verdaderos" inocentes.

Bien, quien no vea la similitud que existe entre el divino "Loom of Fate" y el gran dios -alabado por allá en el norte- "Free Market", deje de leer ya este post, o incluso este blog, porque al parecer el simbolismo le resbala -y está en todo su derecho.

¿Se entiende? Los designios del "Telar" son incognoscibles, en apariencia azarosos e injustificados, como los modos concretos del "Free Market", pero actuar en contra de ellos en cualquiera de los casos, siempre, indefectiblemente, genera un mal mayor -recordemos que según la cantinela neoliberal cualquier intervención del Estado equivale a un "desequilibrio del mercado".

Bien, ¿quién es en la película el que actuó decididamente en contra de los designios del "Telar"/"Libre Mercado"? ...¡El Gran Jefe Negro!

¿Coincidencia? ¿Señal divina? ¿Inconciente colectivo? ¿Trasvasamiento discursivo? ¿Estaré loco? Que importa, "Wanted" vislumbró por adelantado varios meses no sólo al flamante "estatismo" yanqui, sino que supo además que el estatista sería negro. ¿Que tal? No está mal para una burda superproducción de mucho presupuesto, bajo vuelo y pocas ideas.

Lo que asusta un poco es el destino/castigo que le guarda la película al "Gran Jefe Negro" que osó ir en contra de los designios del "Telar/Free Market": el "bueno restaudador del orden" le parte un tiro con un rifle en la cabeza.

Espero que ese detalle no sea una clarividencia más de esta película. Pero como bien sabemos, allá no son ningunos santos. Más bien son bastante salvajes. Bien disimulados, eso sí.

Pero bueno, por lo menos respondimos en parte aquella pregunta y sabemos lo que algunos militantes neoliberalistas deben estar pensando por allá sobre qué debe hacerse con el "Negro Estatizador".

Al final, creo que he sido ingrato con esta película; si no fuera porque bajo la amenaza de aburrirme hasta la médula la película me obligó a forzar un poco el "tercer ojo" para remar un poco el bodrio -es decir, si la película no hubiera sido tan decididamente mala- hoy este post no hubiera tenido lugar. Entonces digo "gracias, mediocres hollywoodenes, gracias".

Alfre http://sentidoapropiado.blogspot.com/2009/02/hollywood-clarividente.html