


Publicado por: Los Perros de Lanari



Hasta un dìa como hoy, pero de 2007, no se había comenzado la imprescindible revisión de la historia de la Tierra Media, y tuvimos como "historia oficial" la versión sesgada y gorila que presenta J.R.R. Tolkien en sus libros El Silmarilión, El Hobbit y El Señor de Los Anillos.
Exactamente hace un año, el compañero peronista ruso Kirill Eskov se hizo cargo de la frase "si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia" y se decidió a contar la verdadera historia (quien quiera oír que oiga) desde donde el gorilón de Tolkien había dejado, luego de la derrota de Mordor, fecha que marca el nacimiento de la Segunda Resistencia Sauronista en la Tierra Media.
Cabe recordar que todo había comenzado milenios atrás, en la Primera Edad, cuando Juan Domingo Saurón (tal su nombre completo), llegó al gobierno formando de la mano de los Valar, que se habían unido para construir y organizar el mundo.
Desde su humilde lugar en la Secretaría de Trabajo fue que se fue acercando a los trabajadores Orcos que --cuando Valar le bajó el dedo--, se congreraron en millones y lograron su libertad, el llamado a elecciones y el primer gobierno popular del que se tiene noticia.
Una vez electo, y a fin de lograr el gran proyecto nacional, el joven coronel Saurón forjó los anillos de poder: nueve para los hombres (oligarquía ganadera), siete para los enanos (la oligarquía minera), tres para los elfos (la oligarquía agroindustrial), conformando de esta manera el Frente Policlasista de la Tierra Media con el apoyo masivo de la columna vertebral del movimiento: el industrioso y trabajador Pueblo Orco.
Claro que como buen conductor se guardó bien de forjarse un anillo para contrarrestar a los otros, por si se le desbandaba el frente, cosa que no tardó en suceder, dando lugar al derrocamiento de Saurón y al comienzo de la primera Resitencia Peronista de la historia...
Volviendo al libro del compañero Eskov, titulado Последний кольценосец (El último anillo), les dejamos una breve sinopsis:
La guerra ha terminado. Con traiciones y engaños, los bárbaros supersticiosos de la Alianza de Occidente, ayudados por Magos de siniestras intenciones, han vencido al Pueblo Orco, amante de la paz, industrioso y científico. Ahora comienza la carnicería: a los derrotados dispersos les espera el amargo camino de vuelta a casa, hostigados por las patrullas de elfos que buscan eliminar hasta al último orco, hombre, mujer y niño, designados por una propaganda perversa como raza caníbal, maldita y a exterminar. Pero de las cenizas de la catástrofe todavía puede extraerse un resquicio de esperanza. Si la misión encomendada a nuestros protagonistas tiene éxito, la cosa puede darse vuelta, y habrá llegado la hora de la revancha de los orKos.
http://undiaperonista.blogspot.com/2008/04/saurn-saurn-que-grande-sos.html
(15.3.2009)
Ayer, mientras llovía me puse a ver El Señor de los Anillos, y cuando llegué a la escena de la "Batalla de Helm", me pareció que estaba viendo un noticiero. A quienes no vieron la película o leyeron los libros... por ahí no lo entiendan, pero por las dudas les dejo los links en la nota para que se entretengan un rato viendo la película y agreguen a este tributo a "Un día Peronista". Saruman (un flaco alto y de pelo blanquecino) descubre un punto débil en la muralla de la ciudad de Helm. Este es el cantón, donde se fortificaron los "humanos" (blanquitos, rubios pero sucios) para defenderse de las hordas de Orcos (negros, feos y lo que es peor... MUCHOS!) surgidos desde las profundidades de la tierra. Para colmo de males, Saruman les habla a las hordas Orcas desde el balcón de su palacio.
"Una vez existió una alianza entre Elfos (estos sí son blanquitos, limpios y que se creen con superioridad ética y moral) y humanos... venimos a honrar esa Alianza" dice un General Elfo cuando llega con su pequeña tropa para ayudar a los "humanos".
Todo es optimismo para la reeditada Alianza entre Elfos y "humanos" hasta que los Orcos empiezan a aparecer en el horizonte. Una masa Orca que comienza su clamor frente a las murallas de la ciudad hasta que un asustadizo humano dispara la flecha que da comienzo a la batalla.
Para cuando los "humanos" se dan cuenta lo que sucederá (la caída de las murallas), ya es demasiado tarde. Los Orcos han sufrido las luchas por milenios, y saben cómo organizarse para ganar las luchas, mientras los "humanos" sólo pueden replegarse cada vez más.
Pero cómo olvidar el papel del Enano pelirrojo Gimli, que desde el principio de la batalla no puede ver qué sucede. Gimli se guía por lo que le dicen los humanos y de hecho intenta sostener el bloqueo a la puerta de la ciudad hasta el final. Tolkien ¿pagará derechos de autor?...
(Noticiero de la "Revolución Libertadora" del año 3340 de la Segunda Edad)
http://jovenescacharienses.blogspot.com/2009/03/orcos-del-conurbano-unios.html
El Señor de los Anillos: Anillos de Poder y Poder a secas




Humanos... demasiado humanos !!!. Cuán seguros nos sentimos creyendo saber la verdad. Menos mal que a la vez somos tan limitados y no alcanzamos a ver que al mismo tiempo que creemos tenerla los otros también lo creen sin saber que son maneras de discurrir sobre el estado de las cosas.¿Por qué será un imposible captar eso que damos en llamar verdad?. Sería bueno tener la respuesta rápida, clara y distinta, pero no. No lo soñemos. Deberíamos recorrer el pensamiento de insignes filósofos que han gastado sus neuronas pensando en ella a lo largo de los tiempos. Y así y todo ¿a cuál de ellos seguiríamos?.
Los humanos queremos saber, queremos que la verdad sea una, que las cosas cierren, que estén completitas, que no falte nada, pero mientras seamos seres de lenguaje, sólo creeremos tenerla.
Aún así siempre la buscamos, entonces, ese buscar la verdad y el lenguaje no pueden no ir juntos. Porque toda vez que ante un estado de cosas queremos transmitirlo debemos recurrir a la lengua o a algún otro tipo de lenguaje y entonces todo intento de alcanzarla se desvanece.
Y aquí vamos, a modo de ejemplo, con esta joyita en la que encontramos que el lenguaje escrito relata el maravilloso lenguaje del cine intentando mostrar lo inasible de la verdad.
Es una nota escrita por Esther Díaz aparecida en ¨La Otra. Revista de arte y pensamiento¨, Buenos Aires, invierno 2007, titulado:
"El sentido múltiple de la verdad"
¨Japón, siglo XII, senderos en el bosque. Un samurai camina lentamente delante de un caballo blanco al que conduce por las riendas. Canto de pájaros. Rayos de sol que atraviesan el follaje y bailan en la maleza. Los medallones de luz tornan traslúcido el velo de una mujer posada en la montura. La tela se desliza hasta los pequeños pies, que delatan la nobleza de su dueña. La montura y el armamento brillan. Una especie de paz emana de la bonhomía de las cosas. Pero el delicado equilibrio se quiebra. La narración interrumpe su secuencia. Hay algo que la cámara no captó y al encenderse nuevamente nos devela el caos. El hombre muerto, la mujer violada, las armas no están, el sombrero de él en el suelo, el de ella cuelga desgarrado de un arbusto solitario.Comienza Rashomon, de Akira Kurosawa.
El jurado a cargo del caso –que no se deja ver- escucha diferentes versiones del acontecimiento. Un humilde leñador dice haber encontrado al samurai sin vida. Agrega que no vio a la mujer, tampoco al caballo, ni las armas. La viuda declara no saber cómo murió su marido y acusa a un desconocido de haberla ultrajado. Un mal viviente atrapado en el bosque asume haber violado, pero no matado. Finalmente el muerto, cuyo espíritu se expresa a través de una médium, acusa a su esposa y al delincuente.
Todos difieren y todos, hasta el fantasma, despiertan sospechas. Sólo coincide cierto estado de las cosas: la desaparición del caballo y las armas, la mujer violada y el samurai muerto.
Sin embargo la verdad de lo acontecido se pierde en el misterio. Hay múltiples testimonios creíbles pero contradictorios entre sí. Esperamos ansiosos que finalmente se devele la incógnita. Pero termina la narración fílmica y las incertidumbres se acrecientan.
En la película el jurado no aparece. Sin embargo su ausencia intensifica su presencia. Mejor dicho, nos imaginamos que está presente porque los personajes que declaran miran al frente mientras tratan de demostrarles a los jueces la veracidad de sus relatos. En realidad los actores observan el ojo de la cámara y, al proyectarse la película, parece que esos personajes miraran a los espectadores. En cierto modo, el jurado de Rashomon ocupa nuestro lugar. Es como si saliera de la proyección, en la que nunca se refleja y se instalara en la butaca.
Esos representantes de la justicia habitan un punto ciego y mudo en esta obra. El público no los ve ni los oye. Los jueces son opacos para nosotros, pero no para los personajes de ficción que los miran con énfasis y respeto. Una luz atraviesa la pantalla, emerge de las pupilas de los actores y choca con las nuestras. Esa flecha de intensidad nos incluye en la trama. Los testigos se dirigen al jurado que es al mismo tiempo el espectador. Se siente la impotencia de ocupar el lugar del juez y no poder juzgar. Mejor dicho, no poder contar con elementos que aseguren objetividad.
Kurosawa, desde la magia del cine, brinda una estremecedora lección acerca de la verdad. Ese discurso que construimos a partir del estado de las cosas, pero que no encuentra manera de corresponderse con ellas de modo ecuánime. De cada relato fluye un sentido diferente. Se alternan diversas perspectivas. Semejan destellos de un diamante tallado que emite diferentes colores según los escorzos que lo iluminan.
La no correspondencia entre las versiones de los personajes diluye la posibilidad de dirimir una verdad clara y distinta. La multiplicidad de jueces es otro impedimento para forjar un juicio unánime. Pues, además de los que suponemos en la obra, existen tantos jueces como espectadores. La ilusión de verdad absoluta se pulveriza. En su lugar titilan fragmentos de sentido. Los testimonios, por contradictorios, desconciertan. En lugar de una verdad única, hay fuga de sentido.
El sentido se produce en una dimensión incorporal. La proverbial indiferencia de los acontecimientos provoca juicios disímiles. Provoca sentido que surge de choques de fuerzas y se desliza por la superficie de las palabras. El sentido no se encierra en proposiciones, deviene a través de ellas.¨
Ana http://elmedioeslenguaje.blogspot.com/2009/03/la-verdad.html#comments
